Un guiño vanguardista en un entorno solariego del siglo XVIII. Un toque de distinción en cada uno de los encuentros alrededor de la mesa. Tradición y buen gusto a partes iguales.
El momento más esperado llegó, todo debe estar en su sitio. La música suena a vals, a amabilidad, a respeto, a cariño… Cada detalle es importante para que el blanco evoque a un recuerdo de los que dejan sonrisa.
Cocina de siempre en un entorno idílico con 6.000 metros de jardines con un amplio parking para más de 300 vehículos. Apostamos por la calidad y ponemos el corazón en cada receta.